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Castlevania vino a romperla con su dificultad.

¡Ah los videojuegos! Un placer que a mi generación le tocó vivir con mucha fuerza. Esos tiempos del Nintendo de 8 bits y del primer Playstation en los que uno gasta su infancia sin preocuparse por el mañana. Aunque tengo que reconocer que siempre preferí los juegos de rol (RPG) a los de horror, aunque estos tienen un lugar especial en mi memoria ya que, a pesar de los malas que pueden parecer las gráficas hoy, realmente te daban miedo. Acompáñenme mientras recorremos mis recuerdos de los videojuegos más horroríficos de esa época de mi vida.

El primer juego de horror que recuerdo fue Castlevania (1986). Esta franquicia ha continuado e incluso tiene una adaptación animada bastante decente en Netflix por si les interesa verla. A mí me tocó jugar el primer juego de cartucho en Nintendo Entertainment System (NES) y aunque tiene una temática de horror —es un castillo embrujado gobernado por un vampiro—, lo que realmente causaba miedo en Castlevania eran los saltos.

Sí, los saltos,  ya que los programadores de este videojuego decidieron que: 1) no podías continuar más allá de las vidas que tuvieras, así que si se acababan era game over y 2) no se que regla extraña de la gravedad gobierna el Castillo de Drácula, pero Simon Belmont salta como costal de papas aventado por cargadores de La Merced, no muy bien pues. Si a eso le añadimos que siempre había un monstruo volador esperando a golpearte en tu accidentado vuelo… El verdadero monstruo en ese castillo son las cornisas.

La frustración y miedo se imponen en los juegos de horror. Captura de Clock Tower.

Después de eso me tocó jugar en la computadora de un amigo The 7th Guest (1997). Es un juego más al estilo de puzzle —acertijos— que de acción, pero los acertijos están encanijadamente difíciles y tienen temática de horror. También tenía clips con actores interpretando el papel de los huéspedes de la mansión.

Recuerdo en especial el laberinto, tenía la gracia especial de que si girabas hacia atrás, como si quisieras ver si alguien venía atrás de ti, entraba una voz espectral preguntando Feeling lonely? — te sientes solo?— y eras transportado de vuelta al inicio del laberinto. De nuevo horror, pero por la frustración que provocaba. Claro, cuando descubrías que la alfombra era el mapa se volvía un poco más fácil resolverlo.

El siguiente en la lista se llamaba Clock Tower (1995), este fue muy interesante y estresante porque era quizás el primer juego de survival horror donde el juego tenía a un asesino persiguiéndote por los cuartos del cual no podías defenderte; sí, algún sádico decidió que no tiene chiste dispararle a Jason en la cara así que tienes que correr, y correr y correr. ¿Les comenté que además el juego tiene un indicador de stress? Bueno, cuando este rebasaba un punto entrabas en ataque de pánico y tu personaje se tropezaba lo cual era super divertido ya que casi siempre eso ocurría cuando Bobby, el psicópata de las tijeras, te estaba persiguiendo para matarte. Para este juego no tuve la paciencia de terminarlo porque la verdad era demasiado estresante.

Eternal Darkness rompió la cuarta pared al jugar con nuestras mentes con este pantallazo azul de la muerte.

Para continuar les voy a contar de un juego muy malvado que se llamó Eternal Darkness: Sanity’s Requiem (2002) este lo tenía un amigo en su GameCube y lo jugaba en su casa. De inicio es un shooter con un sistema muy amigable de apuntar y disparar, nada de las locuras de Resident Evil de correr mientras disparas y ondas así. Lo que hace a este juego interesante es el marcador de cordura.

El juego te va sometiendo a situaciones estresantes y tu sanidad mental va cayendo, esto hace que el juego vaya alterándose poco a poco: las paredes sangran, las estatuas giran sus cabezas y en general se comienza a volver muy macabro. Hasta aquí el juego es cualquier juego de horror. Donde realmente se vuelve horrible es que la cordura del personaje se va y comienza a alterar el juego.

Hay una escena de verdadero pánico en el que el juego se pausa y comienza a borrar todos tus archivos de progreso, estás viendo como todo se pierde y de repente regresas a la pantalla donde estabas, todo fue una alucinación, pero esta vez tuya. Y así te lleva a situaciones donde ya no sabes qué estás haciendo.

El rey de reyes: Silent Hill de Hideo Kojima.

Luego viene el increíble Silent Hill (1999), este juego realmente me dejó marcado. No solo era un juego de horror, sino que además jugaba contigo. Me explico: primero estaban los cinemáticos que entraban de repente, todos ellos diseñados para ponerte los pelos de punta, ya fuera un teléfono sonando en una escuela abandonada, ya fuera ruidos o sonidos que no hacían nada mas que enervarte —todavía recuerdo a la niña llorando en el baño— todo estaba diseñado para ponerte nervioso.

Si a eso le añadimos que el Playstation contaba con un control que vibraba y los programadores decidieron que cuando el protagonista estuviera asustado este comenzara a vibrar como un corazón desbocado, entenderán porque el juego causaba reacciones. La música de Akira Yamaoka es también excelente y produce un ambiente macabro y sin esperanza. Este juego sí lo terminé y aunque no fue el mejor final, al menos puedo decir con orgullo que llegué al final boss y lo maté.

Aunque no llega al nivel de horror de los juegos anteriores hay uno del que me gustaría hablar porque comparte elementos en común con estos juegos. ICO fue un juego que salió en 2001 y se basa en la historia de un chico que nace con cuernos y por lo tanto es exiliado por su tribu a un castillo. Ahí, encuentra a una chica habitándolo y de las paredes salen sombras y los atacan mientras que el protagonista no puede hacer nada contra ellas. El juego se basa en correr y avanzar a través de obstáculos de tipo acertijo aunque hay veces en los que hay que pelear. La atmósfera del juego no es tan horrible, pero sí produce un efecto de tristeza y soledad tremendo. Un muy buen juego.

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Gerardo Braham

El Doctor Braham es el alterego de Gerardo Braham, ingeniero, astrólogo y estudioso de las ciencias ocultas. Su opinión es meramente producto de sus neurosis. El doctorado que presume en su nombre procede de las ciencias ocultas y le fue otorgado por la Universidad de Miskatonic con sede en Arkham, Massachussets.

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