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"El mayor triunfo del diablo es hacer creer a la gente que no existe” - Padre Gabriele Amorth, 1986

Pedro escucha un ruido que lo despierta de golpe. Intenta despertar a su esposa, pero ella no está a su lado. -¡Tap!- el sonido de nuevo.

Prende la luz de su celular y sale del cuarto hacia el pasillo. -¿Marta?- pregunta a la oscuridad. -¡Tap, tap, tap!-, parece que el sonido proviene de la cocina, bajando las escaleras. Lentamente abre la puerta de la cocina, que rechina con angustia ante la delicada fuerza de Pedro.

De pie frente a la ventana se encuentra Marta, -tap, tap, tap- intentando sellar la ventana con un par de clavos y un martillo. -¿Marta?- pregunta Pedro; ella no responde, su mirada está vacía. -Tap, tap, tap- es casi rítmico. -Vamos a la cama, deja de hacer eso.

Marta deja el martillo y se queda de pie frente a la ventana. -No la dejes entrar- susurra. -¿A quién?- pregunta Pedro. Marta señala a la ventana, hacia el bosque que se alza fuera de su casa. -No hay nadie ahí.-

Pedro la abraza y juntos regresan a la cama.

La pesadilla de John Henry Fuseli (1781)

 

Desde sus inicios, la humanidad ha estado sometida a una constante lucha entre el bien y el mal. Por naturaleza, los seres humanos hacemos una división entre lo terrenal y lo espiritual; quizá es una necesidad de explicar nuestro comportamiento como animales y como seres inteligentes capaces de discernir entre experiencias que hemos de llamar «buenas» o «malas». Y es que cuando el comportamiento de una persona se sale de ese rango al que llamamos bien, las razones pueden ser muchas, desde un problema de personalidad… hasta una posesión demoniaca.

 

A la mañana siguiente Marta se despertó a hacer el desayuno. Cuando Pedro le preguntó sobre el incidente de la noche anterior, ella no recordaba nada. – Tuve un sueño muy extraño – dijo. – Estaba desnuda de pie en la oscuridad, una voz me llamaba pero no le respondí. Luego vi a mi madre, estaba asustada y sola fuera de la casa, me gritaba que la dejara entrar.-

Pedro se acercó a ella. -¿Qué es eso en tu brazo?- preguntó. Cuando Marta descubrió la marca de dientes en su antebrazo se echó a llorar. -¿Abriste la puerta… en tu sueño?- preguntó Pedro. Marta no respondió.

Una posesión es cuando alguna entidad entra en el cuerpo de una persona haciéndolo comportarse de manera inusual: hablar en lenguas extrañas, cambio en el color de los ojos y en el comportamiento usual de la persona, automutilación, conducta violenta, pérdida de memoria, terrores nocturnos y, por supuesto, aborrecer todo lo relacionado con la religión, entre otros.

Trailer de "Anneliese: The Exorcist Tapes", (2011)

A lo largo de la historia de las culturas, han existido este tipo de manifestaciones «demoniacas» que contextualmente han propiciado la creación de métodos para liberar a la persona de su maleficio. Los sumerios fueron los primeros en incurrir en este tipo de prácticas, ya que ellos creían que todas las enfermedades que aquejaban al cuerpo y a la mente eran provocados por espíritus a los que denominaron «gid-dim» o «demonios de la enfermedad». Los sacerdotes llamados ashipu eran los encargados de liberar a la persona afligida por medio de exorcismos; los primeros de los que se tiene registro.

La iglesia católica, por su parte, es una de las instituciones que, a nivel mundial, ha creado su propia lucha contra el demonio al tener sus propios equipos de investigación y especialistas en exorcismo. El primero en realizar estudios sobre ello fue San Hipólito, quien para hacer su diagnóstico, pinchaba al afectado con agujas en busca de «la marca del demonio». Sin embargo, un demonio no siempre es el causante de los males que oprimen a una persona, pues es muy fácil confundir una posesión con algún problema psicológico como esquizofrenia o algún otro tipo de manifestaciones psicóticas.

El padre Gabriele Amorth, sacerdote italiano, es probablemente el exorcista más famoso del siglo. Escribió alrededor de diez libros sobre el tema como Exorcismo y psiquiatría, publicado en 2002 y El último exorcista: mi batalla contra Satanás publicado en 2012. Específicamente, en Narraciones de un exorcista, publicado 1993, el Padre Amorth hace énfasis en la importancia de hacer una distinción entre psiquiatría y los males del alma:

Un mal de origen demoniaco, aunque tenue, se muestra refractario en forma extraña a todo fármaco común; mientras que males gravísimos juzgados inclusive de mortales, se atenúan misteriosamente hasta desaparecer del todo, después de auxilios de orden puramente religioso. Además, las victimas de un espíritu maligno se ven como perseguidas por una continua mala suerte: su vida es una sucesión de desventuras.

 

Trailer de "The taking of Deborah Logan" (2014)

Surgen muchas preguntas a la hora de identificar una posesión. ¿Cómo se puede estar seguro, más allá del entendimiento humano, de que se trata de fuerzas extrañas y no de la naturaleza de la mente humana? Desde el punto médico, se le considera como un trastorno disociativo de la histeria denominado «endemoniaría» o «demonio manía». Bien sea una aflicción de la mente o el acto de una entidad diabólica, muchas personas han sufrido las consecuencias macabras de una posesión.

 

Es por las noches cuando Marta actúa de manera más extraña. Tiene arranques de ira incontrolables. Debo salir del cuarto hasta que deja de gritar y cuando no está gritando habla sola en un idioma que no conozco. Ya no duerme a causa de las pesadillas, dice que su madre la visita y la obliga a hacer cosas de las que no está dispuesta a hablar cuando está lúcida. Se queda de pie frente a la ventana sin pestañear, a veces por horas… una vez la encontré incrustando clavos en sus piernas. «¡No la dejes entrar!» me gritaba, sus ojos estaban en blanco.

Ya no me permite colgar la cruz que me dio mi hermano… temo que pueda hacerme daño. Estoy desesperado, en el hospital sólo le recetaron calmantes y no parecen siquiera entender la razón de su malestar.

Necesitamos ayuda, ¡Marta lo necesita, Padre! – exclamó Pedro.

 

El aquelarre (1978) es una de las pinturas «negras» de Francisco Goya

Un exorcismo consta de la repetición continua de salmos y oraciones de expulsión basados en textos evangélicos sobre exorcismos realizados por Jesús. La autorización de exorcismos debe ser dada por el Vaticano, el cual ya cuenta con reglas y etapas para identificar la posesión demoniaca mediante pruebas psicológicas y físicas. En el año de 1999, el cardenal Jorge Medina Estévez dio a conocer en la Ciudad del Vaticano, de forma pública, la nueva versión del Rituale Romanum, un texto donde se detallan los procedimientos para atender un exorcismo que fue aprobado por Juan Pablo II.

Estos cambios se presentaron debido al famoso caso de Anneliese Michel, quien falleció por negligencia durante su exorcismo en Alemania en 1978. El caso levantó muchas dudas acerca de la práctica del ritual, pues la paciente presentaba signos epilepsia y esquizofrenia; pero su situación fue catalogada como posesión y tras un año de exorcismos, Anneliese falleció por complicaciones de deshidratación y desnutrición. La película El exorcismo de Emily Rose (2005) se basó en su historia. Y la cinta Anneliese: The exorcist tapes (2011), es un filme a manera de documental que pone en duda la verdadera razón de su exorcismo.

Trailer de "El exorcismo de Emily Rose", (2005)

De acuerdo con la Iglesia Católica son cinco las etapas de una posesión:

  1. La manifestación, en la que el individuo accidentalmente invita a la entidad a entrar a su cuerpo. La más famosa invitación y también la más directa es al jugar con una tabla Ouija.
  2. La infestación, cuando el demonio hace uso de trucos psicológicos como tomar la forma del espíritu de algún familiar o incluso de un ángel para ganar la confianza de la víctima. Aquí aparecen los terrores nocturnos y señales de alguna presencia o sombra que acompañan al poseído en cuestión.
  3. La opresión. Los trucos psicológicos de la entidad surgen efecto en el poseído, haciendo que este pierda la voluntad sobre sí mismo y en sus ganas de vivir. Es un llamado a la renuncia del alma.
  4. La posesión; la voz en la cabeza de la víctima resuena con más fuerza y ahora tiene control sobre los pensamientos y el cuerpo del afectado. Sus emociones y su conducta han cambiado radicalmente.
  5. La destrucción: la víctima comienza a auto mutilarse, la violencia extrema va acompañada de una fuerza sobrenatural del individuo. El objetivo es la muerte, pues la persona ha renunciado a su alma.

 

El padre Elías llegó al hogar de Marta y Pedro, un doctor y un psicólogo lo acompañaban y después de varios exámenes se determinó que, en efecto, Pedro había hecho lo correcto al acudir a la Iglesia. El padre Elías comenzó con los preparativos: sacó varias cruces, una sotana color púrpura la cual colocó sobre sus hombros y agua bendita.

Cuando todo estaba listo y Marta se encontraba amarrada a la cama comenzó – En el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo, dime tu nombre demonio! – ordenó el padre Elías.

 

De acuerdo con la tradición judeocristiana, si se conoce el nombre del demonio se gana poder sobre él. Porque, de acuerdo con textos bíblicos, Dios le otorgó a Adán la capacidad de nombrar las cosas para tener control sobre ellas. Normalmente, durante el ritual, el nombre del demonio se pide al final, cuando se encuentra debilitado debido a los salmos y oraciones. En los diálogos de Platón, Sócrates sostiene que «El que conoce los nombres conoce también las cosas»; una frase que expresa una exaltación del lenguaje al atribuir al ser humano una capacidad superior a la de las demás criaturas que habitan el planeta. Por eso el diablo nos busca: porque hay una batalla que ganar, porque tenemos qué perder y estamos conscientes tanto de nuestra moralidad como de nuestra mortalidad.

Trailer de "Líbranos del mal", (2014)

Otra forma de analizar una posesión es verlo como un símbolo del mal que reside en todos nosotros. Parafraseando a Freud, a través del Ello, el Yo y Superyó se puede explicar una parte de la reacción de los seres humanos ante situaciones más allá de una explicación terrenal.

La parte diabólica en nosotros es la que sucumbe a los placeres: el ello. Y el Superyó es la moralidad con la que regimos nuestras acciones, es la consecuencia de la internalización de las reglas y normas de cada sociedad. En los humanos, Dios es la proyección del «Superyó» y el diablo es el «ello». Una lucha interna entre el bien y el mal transportada al mundo terrenal es representada por una lucha entre ángeles y demonios y el alma del ser humano es el premio mayor. ¿Por qué? quizá por la misma racionalización de la moral, la que nos hace diferenciar entre lo que nos hace daño y lo que no.

Trailer de "Constantine", (2005)

¿POR QUÉ NOS DA MIEDO?

Fantasía, creencia popular o una forma de limitar nuestro comportamiento, el hecho es que han habido muchos casos en los que una persona parece estar poseída. Se cometen asesinatos en nombre de Lucifer, la persona sufre de maneras inimaginables atrapado en su propia mente, nuestros cuerpos son frágiles y la tentación nos rodea. Pero ¿no todo esto es parte de la naturaleza violenta del ser humano?

La posesión es una forma de justificación ante las atrocidades que somos capaces de cometer y nadie está exento de caer ante la invitación del mal.

En términos generales, Satanás está siempre activo. Es el tentador desde el principio. Hace de todo para que el hombre peque y cada vez que se realiza el mal, él está detrás, dejando en claro que es el hombre quien decide libremente sus actos. Pero también existe una acción extraordinaria del maligno: y ésta es la posesión diabólica – Padre Gabriel Amorth (2004)

Dicho esto, nos encontramos ante una pregunta universal, ¿qué es el mal?, ¿Realmente estamos todos vulnerables ante la acción del diablo? Después de todo es Satanás quien nos susurra al oído y nos aconseja de acuerdo a su naturaleza maligna, pero somos nosotros quienes tomamos la decisión de escucharlo.

Trailer de "El exorcista", (1973)

Pedro se encontraba sentado en una silla en la cocina, donde por primera vez encontró a Marta comportándose de manera extraña. Arriba, el padre Elías realiza un exorcismo a la esposa de Pedro. -¡Marta es una criatura de Dios, déjala en paz!- Los salmos del Padre se perdían entre los gritos diabólicos de Marta, que ahora parecían provenir de un animal, rugidos incontrolables se mezclaban con los golpes en la habitación.

Pedro apretaba con fuerza sus oídos intentando no escuchar los gritos de su mujer. Era el sexto exorcismo que se le realizaba en dos semanas y Marta no parecía mejorar. En todo caso, el demonio que residía en ella estaba ganando la batalla.

El cuerpo de Marta ya no parecía el de una mujer. Su piel, ahora negruzca por los moretones de los golpes que se había autoinflingido, revelaba marcas de dientes y rasguños que provenían desde adentro.

La Santa Cruz sea mi luz,

no sea el dragón mi señor.

¡Apártate, Satanás!

nunca me atraigas con engaños,

maldad es tu carnada,

bebe tu propio veneno.

Marta no emitió ni un solo sonido más. Estaba en paz.

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